Hipatia: de sabia a mártir

Un fatídico día de marzo del año 415 después de Cristo, moría en su ciudad natal víctima de la barbarie y irracionalidad una de las grandes mentes de la historia de la humanidad, Hipatia de Alejandría.

Con ocasión de la filmación de la última película de Alejandro Amenábar, Ágora, es un momento idóneo para recuperar la figura de una de las principales personalidades del mundo antiguo y que, sin embargo ha pasado desapercibida durante tanto tiempo y para gran parte de la gente. La película parece que versará sobre la vida de Hypatia y sus roces con una sociedad en el Egipto romano del momento en que el cristianismo acrecentaba su poder e influencia. Parece ser que Max Minguella, interpretando el papel de un esclavo alumno de Hypatia acompañará a la bella Rachel Weisz, que interpretará a la sabia de Alejandría.

Rachel Weisz interpreta a Hypatia

Rachel Weisz interpreta a Hypatia

 

 La importancia de la figura de Hipatia, no solo en sus avances en el mundo de la astronomía y de las matemáticas, sino en la propia vida, como mujer, la han convertido en símbolo de la libertad de pensamiento y sexual, y en icono y mártir desde la ilustración, el romanticismo y para el feminismo.

Hipatia se erigió en una de las mayores sabias de la antigüedad en una ciudad como Alejandría, capital  egipcia de la dinastía griega de los Ptolomeos -fundada por uno de los generales de Alejandro Magno, tras la muerte de éste  y la posterior división de su imperio- que fue adquiriendo paulatinamente más importancia política y cultural, convirtiéndose en la capital de la provincia de Egipto del Imperio Romano y tomando el testigo de Atenas en la vanguardia del cientifismo y la cultura, aún y habiendo pasado su época dorada con las sucesivas destrucciones de la ciudad y su famosa biblioteca con las dramáticas intervenciones de Julio César, Caracallay otros brotes durante el siglo III después de Cristo.

Hipatia, que significa en griego "la más grande" se convirtió en una de las grandes maestras de la astronomia y las matemáticas de la antigüedad

 
Hija de Teón de Alejandría, gran matemático y astrónomo -gracias a las mediciones de los movimientos de los cuerpos celestes logró predecir los eclipses-  , Hipatía bebió de los intereses científicos de su padre -excepto en las relaciones de Teón con el mundo esotérico- para convertirse en una de las grandes sabias del momento llegando a superar en muchos aspectos los logros de su progenitor.
Aspecto de la antigua Gran Biblioteca de Alejandria

Aspecto de la antigua Gran Biblioteca de Alejandría

Tras completar su formación comenzó a trabajar como ayudante de su padre; mientras se iba granjeando un nombre propio con sus primeros comentarios a obras de grandes astrónomos y matemáticos, incluyendo el Almagestode Ptolomeo. El propio Galileo Galilei y su eppur si muove, defendiendo el movimiento de la tierra alrededor del sol frente al dogmatismo inquisitorial de principios del siglo XVII, le deben mucho a estas versiones y correcciones que aunaron el trabajo de padre e hija.
Galileo pronunció ante el tribunal el famoso "eppur si muove" ("y sin embargo se mueve)

Galileo pronunció ante el tribunal el famoso

Pero la joven Hipatia no se quedó ahí, siguió profundizando en el campo de la investigación científica para la elaboración de complejos instrumentos astronómicos que logró mejorar respecto a los de sus predecesores; así es el caso del astrolabio , herramienta fundamental para los grandes exploradores medievales que permitía determinar nuestra posición en la Tierra viendo el posicionamiento de las estrellas sobre la bóveda celeste, o los menos conocidos hidroscopios para pesar los líquidos.

En el campo de las matemáticas, su otra gran vocación, la sabia alejandrina se volcó en la obra del considerado padre del álgebra Diofanto, logrando difundir su obra. Gracias a las matemáticas y a la exploración de las figuras cónicas (elipse, parábola e hipérbole) pudo elucubrar acerca del movimiento de los planetas.
Poco a poco, quien fue aprendiz se convirtió en maestra, y sus clases se convirtieron en la reunión de muchos de los grandes personajes de la capital de Egipto y de la propia Roma. Alejandría parecía recobrar gran parte de su esplendor cultural en torno a un nuevo centro emblemático, la residencia de Hipatia.
Pero los días de “vino y rosas” no tardarían en verse como un lejano espejismo. La Iglesia Cristiana llevaba casi un siglo siendo la oficial en el imperio y su emergente poder chocaba con las corrientes judías y heterodoxas propias del lugar. Alejandría se convirtió en un hervidero de luchas entre cristianos y judíos, una situación harto complicada para una población preocupada por otras cuestiones de su vida diaria pero que se veía envuelta en unas disputas por las que irremediablemente tuvieron que tomar partido. Lo mismo ocurrió con gran parte de la comunidad cultural y científica, y especialmente con Hipatia que siempre se habí mantenido al margen de las discusiones teológicas y metafísicas. Esta es la situación en la que vivió sus últimos años Hipatia, al lado -quizá solo ideológicamente- del prefecto romano Orestes, enarbolando la bandera  de la prudencia, el diálogo y del gobiernocivil secular.
Con la paulatina desaparición de los sectores fuertes hebreos por la contundencia cristiana, se formaron dos tendencias duramente enfrentadas; la que representaba la posición conciliadora de Hipatia, que se había atraído a gran parte de la élite de la ciudad; y la de Cirilo, el nuevo obispo, dogmático hasta la médula, quien desprovisto del apoyo de las altas esferas y enfrentado también a Orestes, decidió atacar directamente a quien creía que suponía el gran problema, Hipatia.
En el contexto de los enfrentamientos contra el pueblo judío sobre el 414, fue circulando la idea de una Hipatia que “Seduce a muchas personas mediante sus artes satánicas”. Esta idea calaba sobremanera en una población harta de la situación en que están viviendo pero también muy temerosa de aquello sobre lo que no conocen, que es casi todo. Así, la idea de una maestra con dotes brujeriles debió escandalizar y llenar de odio y temor a la gente ordinaria del momento. El asesinato de la hija del grán Teón de Alejandría, no se haría esperar, y un grupo compuesto por el propio Cirilo, llamado los parabolanos sacaron a Hipatia del carruaje con el que se dirigía a casa para introducirla por la fuerza en la iglesia del Cesarión, donde fue brutalmente apaleada, desposeída de sus ropas y lapidada con trozos de cerámica. La barbarie culmino arrojando el cuerpo sin vida de Hipatia a una gran pira, donde pudo arder su cuerpo, pero no sus logros y su recuerdo.